‘Siempre hay vida, y fútbol, tras la guerra’

El Desmarque. Lunes, 29 de octubre de 2018

La vida es el fútbol. Y el fútbol es la vida. Por más oscuridad que exista, por más aciago que resulte el futuro o por más obstáculos que se interpongan en el camino, el deporte siempre servirá como motor para cambiar la subsistencia de cualquier ser humano. Y es que así es la vida en Palestina, donde miles de refugiados sobreviven cada día, cada hora, cada minuto.

Una guerra constante de la que es imposible salir. A veces poco importa Dios, las ayudas exteriores o la propia política. A veces únicamente interesa ser feliz, con lo poco o único que tengas. Y en Palestina se agarran al fútbol. Un día a día que bien podría describirse con la historia del Markaz Tulkarem.

Al norte de Cisjordania está Tulkarem. Una de las regiones más golpeadas de Palestina. Allí viven algunas de las familias que fueron expulsadas de sus casas en 1948 por parte del estado israelí. Desde entonces conviven condicionados a la ocupación militar y para combatir esa lucha crearon en hace más de 80 años el orgullo deportivo y social del campo.

Un equipo que pasó de competir en ligas locales hasta alzarse con el máximo título. Pero en Palestina la vida siempre trae un nuevo inconveniente y de la felicidad pasas a la miseria más absoluta. En apenas unos minutos. De hecho es el segundo campo de refugiados más poblado de la región.

El estadio (Jamal Gneenm) recuerda a un joven asesinado por la policía israelí cuando iba a lanzar un saque de esquina en ese mismo campo. Un terreno de juego que igual sirve para jugar al fútbol que para celebrar una boda.

Un equipo en el que los jugadores puede que cobren o no. Una plantilla en la que el mejor jugador puede estar meses en la cárcel por no tener identificación. Jugadores franquicia que duermen en sofás de cafeterías. O igual en medio del partido recibe una bomba o granadas de humo.

Las peripecias del Markaz Tulkarem: Un presidente y vicepresidente que habitaron en la cárcel, jugadores durmiendo en cafeterías, un cobro esporádico, bombas sobre el césped…

En Tulkarem han fallecido centenares de personas desde inicios de siglo, merced a la belicosidad del conflicto. Un campo en el que lo inusual se ha convertido en habitual, pues la policía ‘enemiga’ es un vecino más.

De hecho la entidad no supone más que el fiel reflejo de la historia de superación de cada uno de sus adeptos. De hecho, el presidente del Markaz Turkalem, elegido por los propios habitantes del campo, estuvo cinco años en prisión. Dos menos que su vicepresidente. También el entrenador o algunos de sus jugadores.

Con el fútbol como motor de vida, no dejar marchitar la ilusión es el objetivo principal de la entidad. Un equipo que atesora el privilegio de ser apodado como la ‘Brasil de Palestina’ por sus colores. Y es que no existen límites para el que se propone luchar por ellos.

La pasada temporada lograron la hazaña de volver a la élite nacional, después de muchos años librando con la guerra y la inmundicia. Un objetivo más que por unas horas volvió a recuperar los sueños de todo un campo de refugiados. Y es que siempre hay vida tras la oscuridad. Mucho más en Palestina, donde el fútbol es la vida. Y la vida es el fútbol.

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